Home Archivo Histórico Publicidad exterior en Londres vs Native Ads





Estuve en Londres esta Semana Santa. Inicié allí mi carrera profesional, en La City, en Finsbury Circus, la única placita verde de la zona de los rascacielos. Un inicio por todo lo alto que le debo sobre todo a mis padres y a los dos años que me pasé buscando las prácticas óptimas (en Cognotec, en la sede del Fuji Bank).

Me llamó la atención que los anuncios del Metro, en aquella ciudad el triple de avanzada y eficiente que Madrid, cuyas calles funcionan como un reloj suizo, sin ni un negocio en quiebra, donde se respira orden y competitividad, sigan igual que hace 26 años que yo trabajé allí. ¡Algo aportará esa publicidad exterior! Y seguramente no tenga que ver con Performance y seguramente Native Ads sea competitivo en precio por impacto y en calidad del mismo.

Lo que no ha cambiado en el Metro de Londres en 26 años

Los carteles en los andenes del Underground son los mismos de siempre: impresos, estáticos, en el mismo formato de siempre. Londres tiene dinero para digitalizar cualquier cosa que quiera digitalizar — lo ha hecho con sus semáforos, sus autobuses, sus taxis. Si la publicidad exterior del metro sigue siendo papel y tinta, no es por falta de presupuesto. Es porque funciona.

La pregunta interesante es por qué. Y la respuesta no está en la tecnología del soporte. Está en el contexto en el que aparece el anuncio.

El usuario que baja al metro está en un estado de atención particular: sin móvil con cobertura, esperando, mirando. No está intentando hacer otra cosa. El cartel no interrumpe nada porque no hay nada que interrumpir. Simplemente está ahí, en el campo de visión de alguien que por una vez no tiene dónde escapar. Eso no es una molestia. Es una oportunidad de comunicación limpia.

Por qué eso mismo explica el Native Ads

El usuario que llega al final de un artículo en un periódico de referencia también está en un estado de atención particular. Decidió leer. Llegó hasta el final — lo que ya dice mucho sobre su nivel de implicación con el contenido. Y entonces aparece el widget con los anuncios nativos: sin interrupción, en contexto, como una continuación natural de lo que acaba de consumir.

El principio es idéntico al del andén de metro. No peleas contra el usuario. Le ofreces algo en el momento en que está receptivo.

La diferencia entre la publicidad exterior del metro y el native advertising editorial no está en el principio — está en la medición. El cartel del Underground construye familiaridad y recuerdo de marca, y lo hace bien. Pero no sabe cuánta gente llegó a la tienda después de verlo. El native sabe exactamente cuántos clicaron, cuántos rellenaron el formulario, cuánto costó cada lead válido. Es el mismo respeto por la atención del usuario, con trazabilidad añadida.

Los datos confirman que el mercado lo ha entendido

La publicidad exterior creció un 18,5% en España en el primer trimestre de 2025, convirtiéndose en el medio de mayor crecimiento de todos los medios controlados según InfoAdex. A nivel global, el mercado de exterior digital (DOOH) alcanzó los 27.530 millones de dólares en 2024 y crece al 15% anual según WARC.

Los native ads en España movieron 36,8 millones de euros en 2025 según IAB Spain, con tasas de engagement muy por encima del display estándar y recurrencia de campañas que ningún otro formato consigue con tanta regularidad.

Dos medios con trayectorias paralelas, creciendo en el mismo momento en que el display de interrupción se estanca. No es coincidencia. Es el mercado premiando los formatos que no pelean contra la atención del usuario.

Si quieres ver el análisis completo con los datos de crecimiento del DOOH y la comparativa de métricas con el native, lo tienes en este post en Addoor.

Lo que Londres lleva 26 años sabiendo y nosotros seguimos debatiendo

En marketing digital español hay una conversación recurrente sobre si la publicidad «interrumpe» demasiado, sobre el ad avoidance, sobre el banner blindness, sobre si los usuarios de más de 50 años ya no ven los anuncios. Es un debate legítimo. Pero tiene trampa: asume que «publicidad» es sinónimo de «interrupción».

Los carteles del metro de Londres llevan décadas demostrando que no tiene que ser así. El nativo editorial lleva años demostrando lo mismo en digital. El usuario que está en modo receptivo — esperando el tren, terminando de leer un artículo — no rechaza la publicidad. Rechaza la interrupción.

Es una distinción sencilla. Y tiene implicaciones enormes para cualquier anunciante que esté decidiendo dónde poner su presupuesto de Q3.

César Núñez lleva más de 20 años en publicidad digital en España. Es cofundador de Addoor, especializada en native advertising en grandes medios españoles. Publica regularmente en influenciador.com sobre publicidad, medios y marketing.


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