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¿Zero Click? El CPC PPC vuelve siempre… Si OpenAI ha añadido CPC a la publicidad en ChatGPT, quizá los clics no estaban tan muertos, sino de parranda.

En los últimos 12 meses hemos escuchado una idea-dogma: el clic ha muerto. Nadie quería creerlo, e hicieron bien.

Ojo, estoy de acuerdo: Que si la atención es más importante que la visita (aquí Native Ads lo hace muy bien en ambas).
Que si el usuario ya no hace clic (pero Addoor tiene un 200% más de inventario de clics que en 2025).
Que si el journey es difuso, fragmentado, invisible (eso es cierto, un 3% de los que realmente ven una marca nueva en un Native Ad, cuando cumplen los estándares más altos de viewability de verla durante al menos 10 segundos, acaba haciendo una búsqueda o pregunta a la IA o a buscadores; si esa marca no usa herramientas de medición y atribución se dará menos cuenta de los pases y asistencias que da Native Ad para que buscadores e ia metan gol).

Y, sin embargo, cuando OpenAI empieza a ordenar su propia propuesta publicitaria en ChatGPT, no se queda solo en CPM. Tras una primera fase basada en impresiones, ha incorporado también campañas orientadas a clics y pago por clic válido. OpenAI explica que sus anunciantes pueden elegir campañas de alcance, optimizadas a impresiones y pagadas a CPM, o campañas de clics, optimizadas a clics y pagadas a CPC.

Esto no significa que el CPM no tenga sentido. Lo tiene. Muchísimo. Especialmente cuando hablamos de cobertura, presencia, notoriedad, frecuencia o construcción de marca. Cosas que Editorial Native Viewed hace y que por eso cobramos a CPM.

Pero sí significa algo relevante: el clic sigue siendo una unidad económica extraordinariamente útil.

No porque sea perfecto.
No porque mida toda la influencia de una campaña.
No porque capture todo el valor de una impresión.

Sino porque crea un punto de equilibrio muy práctico entre tres partes: anunciante, plataforma y soporte.

El anunciante no paga solo por aparecer. Paga cuando alguien expresa una acción mínima.
El soporte no depende exclusivamente de promesas abstractas de atención. Monetiza una respuesta observable.
Y el sistema puede optimizar hacia señales competitivas: qué creatividad interesa más, qué contexto activa mejor, qué audiencia responde, qué mensaje merece más distribución.

Por eso el CPC vuelve una y otra vez. No como religión de performance, sino como mecanismo de equilibrio.

La cuestión no es si el clic está vivo o muerto. La cuestión es qué tipo de clic estamos midiendo.

Hay clics de impulso, clics accidentales, clics de curiosidad superficial y clics generados por diseños demasiado agresivos. Esos clics explican parte del desprestigio del modelo.

Pero también hay otros clics. Como los que genera Editorial Native tras haber leído ni más ni menos que ¡400 caracteres! Que si, que ahí puedes poner compramostucoche compramostucoche bis bis, o puedes explicar por qué NO clicar a los que NO vayan a comprar ahora; que sólo capten el mensaje y cliquen en tres meses cuando ya te puedan comprar. Que no están los tiempos para gastar esos centimillos en ese clic que empapará a la persona de tu marca en tu web o algo menos en la Prelander, pero que tu Financiero te musitará que es «dinero aún no recuperado».

Hay clics de descubrimiento: el usuario no estaba buscando activamente una marca, pero una recomendación bien situada le abre una puerta.

Hay clics de exploración: el usuario aún no está en fase de compra, pero acepta dedicar unos segundos más a entender algo.

Y hay clics cargados de atención e intención: clics que llegan después de leer, comparar, bajar por una página, consumir un bloque editorial, mirar una imagen, entender una propuesta y decidir continuar.

Estos últimos no se parecen mucho al clic bruto de display. Tampoco al clic de búsqueda, que muchas veces captura una intención ya existente. Son otra cosa: clics de intención construida.

Y aquí la publicidad nativa under-article tiene una posición interesante.

El usuario ha terminado o está terminando un contenido. No está en modo interrupción pura. Está todavía dentro de un contexto editorial, con atención disponible y con cierta predisposición a seguir explorando. Si la recomendación está bien integrada, si el mensaje respeta el entorno y si la experiencia posterior tiene calidad, el clic no es un simple salto: es una continuación.

Por eso el debate “CPM versus CPC” se queda corto.

El CPM sirve para comprar oportunidad de contacto.
El CPC sirve para comprar respuesta.
La atención sirve para cualificar ambas cosas.

El futuro probablemente no será elegir entre CPM o CPC, sino construir modelos híbridos donde la impresión visible, la lectura real, el clic y la conversión tengan cada uno su papel.

OpenAI parece haber entendido algo básico: en un entorno nuevo, primero puedes testar demanda y entrega con CPM. Pero si quieres que muchos anunciantes entren, comparen, optimicen y escalen, el CPC sigue siendo una puerta muy conveniente. Reduce fricción, ordena expectativas y permite que el mercado aprenda más rápido.

Los clics no están muertos.
Lo que está muerto es vender cualquier clic como si todos valieran lo mismo.

Un clic lanzado desde un entorno saturado, sin contexto y sin atención previa no tiene el mismo valor que un clic nacido al final de una lectura, dentro de un medio, sobre una recomendación relevante y hacia una experiencia editorial de marca.

La industria no necesita enterrar el CPC. Necesita sofisticarlo.

Distinguir clics iniciales de descubrimiento de clics cargados de atención.
Distinguir tráfico barato de tráfico cualificado.
Distinguir arbitrage de producto.
Distinguir interrupción de continuidad.

Si incluso ChatGPT, uno de los entornos tecnológicos más avanzados del momento, incorpora el CPC como modelo de compra, quizá conviene revisar el diagnóstico.

El clic no era el pasado.
El clic sigue siendo una de las formas más simples de decir: “esto me interesa lo suficiente como para continuar”.


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